lunes

El artista con hambre (II)


Pero ya te gustaría ser así.
Te brindaría la oportunidad de
haber cambiado.

«Señoras y señores
este hombrecito ya no es débil.
Se cubrió de cuchillos y va abrazado pechos
dañados de dulzura, de inocencia y compasión»

No sufre
No siente.

Ahora se alimenta de almas ajenas de las que desconfía,
transeúntes que observan su rostro con interés.

Va con chaleco antibalas.
O no, mejor aún
no lo lleva porque es duro de coraza.

Corre frente a las balas,
se las come.
Las mastica
-como mantequilla-
Pasan la garganta
y recubren su interior.

Qué rudo.
Ojalá.
El que nació malo, rebelde
digno de una película con James Dean.

El otro día cojeaste.
Te mostraste humano
pájaro de ala herida.
Levantaste la camiseta
agarraste mis manos;
toqué llagas.

Chico arena
chico camaleón
chico que omite:
chico que no se perdona
dime entonces cómo besas.

El artista con hambre (I)


Besas como piensas:
bruto, brusco, guarro.
Confuso, manipulador
creyéndote el rey de la fiesta.
Egoísta, silencioso
Odioso.

No me gusta lo que veo.
Olvidas y tiras las palabras,
vas a lo que vas.
Golpeas bien el bate.
Pusiste los roles de cada uno de una mesa recién encerada.
Jugaste a cambiarlos.
Y yo por vez primera voy, veo
reviso y no olvido.

El que mantiene el gatillo,
empuñadura,
anilla de granada.
El que escupe.

No me haces ni puta gracia.
Y esto debería convencerte para bajar
de ese bendito balcón.
Pero diga lo que diga, harás lo que quieras.
Como siempre.

Y no suelo perder
asi que baja, por favor.
Saltando, reptando, pudriéndote
por el camino.
Como quieras, pero baja.
Que no me gusta lo que creo entender
y quiero volver a verlo.


Me da asco la primavera que está creciendo en mí.
Sin previo aviso, como una novedad anatómica.

Siento, noto cómo poco a poco
las raíces van trepando por mis entrañas
-antes llenas de pasividad amorosa,
pseudointriga romántica,
de todas las expresiones que queráis poner-, y
llenan de guirnaldas mis noches en balcones.

Hay alguien.
Más bien algo.
Un carácter, un arqueo de cejas
la incredulidad en persona.
Chasquido, golpe en la nuca
las palabras hijo de puta.
El sentimiento propio de desisterés.

Hacia mí.
Y ojalá hacia ti.

Haces que mi habitación se llene de espíritus.
Me abrazan, abarcan mi desvelo.
Comprenden mis injurias,
tocan mi rodilla y acarician el hombro.
Entes que cuentan historias sobre codicia, temor, dolor.
Hablan del verdadero futuro que depara.

Un día desapareciste sin previo aviso y yo
te volví a dirigir mirada.
Para nada,
para absolutamente nada.