domingo


Soy humo del cigarro que fumo por melancolía. Para celebrar esa herida que lanzas sobre mi tenso lienzo   -cada vez más manchado por rabias externas, cada vez menos puro de experiencias nuevas-. El humo de las despedidas de estaciones en las que me prometo ser una nueva yo. Alguien tan ligera y etérea como para confiar en el rumbo de los vientos que ofrecen los nudillos de las manos ajenas. Esos que están tan llenos de energía, de amor y calidez para mi pálido hombro que me dejo llevar.
Y me dejo guiar, mucho. Vamos de calle en calle, de noche. Cuando la gente no mira, y solo susurran las luces de neón de los 24 horas lo que me espera. Por las avenidas con mares ennegrecidos porque "ya me lo habían advertido". Por los portales de ojos cerrados.
Tiramos de todos los males, apagamos las luces, echamos freno a las injusticias del mundo y cerramos los pestillos. Nos encuevamos y enclaustramos en nosotros, jurándonos fidelidad. 
Palpamos, tocamos, siempre herimos.
Abrimos la puerta, y damos a rebobinar.
Volvemos. Soy humo del cigarro que fumo por tristeza. Para celebrar tus días junto a mí. Por la que abrió los balcones y cegó mis futuros días. Te lo dedico, hija de puta. El humo de las borracheras en las que me prometo ser una nueva yo. Más dura, más crítica. Alguien tan pesada y fuerte como para encarar todas las pesadillas de los martes. Esas que están tan llenas de ascensores que hacen que vomite. Pulso con mis dedos el botón adecuado y subo. Y bajo. Y giro para golpear las paredes que ven gotear la salsa que nunca le puse a los spaguetti. Aquella comida que no hice, aquel acertijo que ni pensé.
Tirábamos de todos los males y ahora no sé hacerlo sola, nunca se me enseñó a. Vas y vienes contorneando las caderas y yo anémica te espero llegar. Porque soy humo del cigarro que fumo. La lengua áspera y menos rosa de lo habitual. El sabor a cenizo. El fuego frente a lo ardido. La que se quema y requema. La chica que busca su hogar en los pechos de otros, la que se autoinmola. Soy el nudito de remiendos, cosidos uno a uno y hechos a base de pequeños actos de sensatez ignorados por otros.
El desorden hecho arte, el arte hecho sueño cíclico.

martes


Sigo esperando un milagro.
Le pido a quien sea que me de
la capacidad de
encarnarme en cada mujer que te guste, 
cualquiera que te sea apetecible. 

Sentir cómo fijas
a cada instante
tu mirada. 
Nada discreta,
muy inquietante.

Que te acerques hacia mí por terceros,
percibir a kilómetros tu cobardía hasta para hablar. 
Ver apatía, melancolía, el cabreo interno. 
Los gestos que repites,
lo mal que follas, cabrón.

Voy y vengo de los sitios, 
no huelo tu colonia
y duele más de lo que crees. 
Aunque la idea de que alguien tenga
la misma me pone cachonda.

Te rastreo por las avenidas y rascacielos
hace ya mucho tiempo decidiste trepar.
Te desvaneces en lugares verticales.
Ya no soplas mis oídos ni
me llevas con las brisas.

Pero yo me he anclado por aquí,
me amarré a una farola
y las noches me ciegan.
Se han vuelto tristes
momentos de memoria.

De atarse las manos al respaldo de
una silla, tu silla.
Dejar que me golpeen los Cien Enfados.
De pensarte, obligarme a
no pasar por tu hogar.

Enrabiar del odio que te tengo.
Erabiar del amor que te siento.

Guardar mis manos en los bolsillos para no
darte todos los poemas que te he escrito.
-Seguro que no te tomas bien-
Camino en círculos con tal de reprimir
tu faceta de musa sobre mí.

Me inspiras,
Rechazo,
y parece que te olvidaste de mí como 
del que intenta evitar ver a un ex.
Se te ve atado a otra persona.

Consigo verla
cada vez más,
no se hace tan borrosa como querría.
Cómo te querría.

lunes

El artista con hambre (II)


Pero ya te gustaría ser así.
Te brindaría la oportunidad de
haber cambiado.

«Señoras y señores
este hombrecito ya no es débil.
Se cubrió de cuchillos y va abrazado pechos
dañados de dulzura, de inocencia y compasión»

No sufre
No siente.

Ahora se alimenta de almas ajenas de las que desconfía,
transeúntes que observan su rostro con interés.

Va con chaleco antibalas.
O no, mejor aún
no lo lleva porque es duro de coraza.

Corre frente a las balas,
se las come.
Las mastica
-como mantequilla-
Pasan la garganta
y recubren su interior.

Qué rudo.
Ojalá.
El que nació malo, rebelde
digno de una película con James Dean.

El otro día cojeaste.
Te mostraste humano
pájaro de ala herida.
Levantaste la camiseta
agarraste mis manos;
toqué llagas.

Chico arena
chico camaleón
chico que omite:
chico que no se perdona
dime entonces cómo besas.

El artista con hambre (I)


Besas como piensas:
bruto, brusco, guarro.
Confuso, manipulador
creyéndote el rey de la fiesta.
Egoísta, silencioso
Odioso.

No me gusta lo que veo.
Olvidas y tiras las palabras,
vas a lo que vas.
Golpeas bien el bate.
Pusiste los roles de cada uno de una mesa recién encerada.
Jugaste a cambiarlos.
Y yo por vez primera voy, veo
reviso y no olvido.

El que mantiene el gatillo,
empuñadura,
anilla de granada.
El que escupe.

No me haces ni puta gracia.
Y esto debería convencerte para bajar
de ese bendito balcón.
Pero diga lo que diga, harás lo que quieras.
Como siempre.

Y no suelo perder
asi que baja, por favor.
Saltando, reptando, pudriéndote
por el camino.
Como quieras, pero baja.
Que no me gusta lo que creo entender
y quiero volver a verlo.


Me da asco la primavera que está creciendo en mí.
Sin previo aviso, como una novedad anatómica.

Siento, noto cómo poco a poco
las raíces van trepando por mis entrañas
-antes llenas de pasividad amorosa,
pseudointriga romántica,
de todas las expresiones que queráis poner-, y
llenan de guirnaldas mis noches en balcones.

Hay alguien.
Más bien algo.
Un carácter, un arqueo de cejas
la incredulidad en persona.
Chasquido, golpe en la nuca
las palabras hijo de puta.
El sentimiento propio de desisterés.

Hacia mí.
Y ojalá hacia ti.

Haces que mi habitación se llene de espíritus.
Me abrazan, abarcan mi desvelo.
Comprenden mis injurias,
tocan mi rodilla y acarician el hombro.
Entes que cuentan historias sobre codicia, temor, dolor.
Hablan del verdadero futuro que depara.

Un día desapareciste sin previo aviso y yo
te volví a dirigir mirada.
Para nada,
para absolutamente nada.